
Unos
sinsuanes, para no ser quitagracia...
Me acuerdo con toda lucidez cuando de chicos, nos llevaban al Parque Urracá. Nosotros, todos llenos de motivo, nos entusiasmabamos con lo que en ese entonces era un sinfín de juegos mecánicos. Y sí, soñábamos con ir a Disney, pero el Parque Urracá, aunque
gallísimo, era consuelo suficiente.